8 octubre 2026

Chile genera conocimiento, pero aún no logra convertirlo en innovación

Aunque Chile mantuvo su lugar (51°), por tercer año consecutivo, en el Índice Mundial de Innovación —que publicó en estos días la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual— retrocedió del puesto 70° al 63° en resultados (producción de conocimiento, tecnología y creatividad).
  • Nuestras universidades, investigadores e infraestructura destacan en diversos rankings, pero algo ocurre en el punto que conecta el conocimiento con la economía real. Según los especialistas, el país necesita, entre otras cosas, fomentar la demanda corporativa por innovación abierta, nuevas políticas públicas e incentivos para la tecnología.

Publicado en El Mercurio.

¿Dónde se traba el engranaje?

Aunque Chile mantuvo su lugar (51°), por tercer año consecutivo, en el Índice Mundial de Innovación —que publicó en estos días la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual— retrocedió del puesto 70° al 63° en resultados (producción de conocimiento, tecnología y creatividad). A ojos de los expertos, el problema no parece estar en la capacidad de generar conocimiento, sino en lo que ocurre después.

“Chile tiene una base relevante en capital humano, infraestructura, marco regulatorio e investigación, pero la cadena que lleva una tecnología al mercado se corta en varios puntos: transferencia, pilotaje, primeros clientes, financiamiento para crecer e internacionalización”, afirma Sebastián Acevedo, gerente de ChileGlobal Ventures de Fundación Chile.

Según el ejecutivo, lo preocupante es que la brecha crece de forma consistente. “La distancia entre nuestra posición en insumos y en resultados pasó de 8 puestos en 2023, a 12 en 2024, 20 en 2025 y 29 en 2026. Polonia tiene insumos prácticamente iguales a los nuestros (lugar 42°) y logra resultados sustancialmente mejores. Por eso, ser los primeros de América Latina no debería tranquilizarnos. Lideramos la región apenas por sobre Brasil, y mientras Brasil y México obtienen más resultados de lo que sus insumos predicen, Chile obtiene bastante menos. No logramos convertir a resultados”, enfatiza.

Por su parte, Eduardo Bitran, presidente de Hub APTA y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI, cree que es difícil explicar una declinación tan significativa, considerando que las exportaciones de servicios han aumentado significativamente en los últimos años. “O bien el resto de los países tuvo un mejoramiento extraordinario en su complejidad exportadora, la producción y exportación de manufactura de alta tecnología y su economía creativa o tenemos un problema de medición”, sostiene.

Por lo anterior, el exvicepresidente ejecutivo de Corfo propone la hipótesis de que la exportación de servicios está subrepresentada, tanto en los datos como en el índice de complejidad económica. Pero incluso considerando un eventual problema de medición, reconoce que Chile no está logrando transformar su capacidad científica en actividades económicas. La comparación con otros países exportadores de recursos naturales resulta, en su opinión, reveladora.

Modelos vinculantes

“Australia y Canadá han hecho un esfuerzo consistente en las últimas décadas para desarrollar clusters basados en recursos naturales, principalmente mediante encadenamientos aguas arriba, desarrollo de proveedores de servicios tecnológicos, llamados también METS (Mining Equipment Technology and Service). Australia ha desarrollado una industria de exportación de US$ 20 mil millones de METS, principalmente de servicios y Chile está estancado en alrededor de US$ 1.000 millones por más de una década”, afirma Bitran.

En este ámbito, argumenta que las políticas públicas no perseveran en el objetivo país de desarrollar empresas proveedoras de recursos naturales que puedan abordar los grandes desafíos de productividad y sustentabilidad de sectores como la minería y la salmonicultura, por ejemplo. “La inconsistencia de estas políticas en las últimas décadas, afecta el desarrollo de estos encadenamientos virtuosos”, señala.

A lo anterior se sumaría un problema de incentivos dentro de las propias universidades. “Para progresar en la carrera académica y lograr avances en la jerarquización, lo que importa son las publicaciones, ojalá en revistas de alto impacto (Q1). El enfoque en investigación aplicada e innovación vinculada con la industria es una distracción en la carrera académica, ya que reduce la productividad de los académicos, tal como se mide en Chile”, afirma Bitran.

Según Ramón Rada, presidente de la Comisión de Innovación del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile (IIMCh), el royalty se creó, entre otros objetivos, para impulsar la investigación, el desarrollo y la innovación, algo que no tuvo la fuerza esperada. “Se cerró el Centro de Investigación Minera y Metalúrgica (CIMM), principal referente técnico y tecnológico de la minería chilena, bajo la lógica de que el mercado podía reemplazarlo. No lo reemplazó. Y se eliminó el DL 600 con la expectativa de fortalecer el mercado de capitales y modernizar el acceso a financiamiento. Ese objetivo tampoco se materializó como se esperaba”, detalla.

Como principal actividad productiva de Chile, la minería necesita certidumbre. “No se puede innovar ni invertir en tecnología con contratos que se renuevan anualmente. Necesitamos modelos vinculantes de largo plazo que permitan al proveedor y a la minera compartir el riesgo y capturar el valor de la innovación”, afirma Rada.

Igualmente, las condiciones para mantener capital de trabajo y tecnología disponibles en Chile serían claves. “Por ejemplo, un IVA de importación postergable permitiría mantener stock y capacidad de respuesta sin castigar financieramente al proveedor. Sin líneas de financiamiento especial para proveedores mineros, en Chile se hace cada vez más difícil operar”, explica.

En cuanto a los incentivos para incorporar tecnología, como depreciación acelerada o beneficios tributarios para equipos eléctricos, automatización y tecnologías de menor emisión, Rada cree que deben ir acompañados de reportabilidad y fiscalización efectiva. “Hoy incluso existen espacios donde se cumple formalmente la norma, pero se vulnera su espíritu. Importar un vehículo sin motor y posteriormente instalarle uno de normativa antigua puede hacerlo legal en el papel, pero ambientalmente es regresivo”, afirma.

Cadena continua

Para fortalecer los mecanismos que transforman el conocimiento en valor económico, Sebastián Acevedo, de ChileGlobal Ventures, propone una cadena continua desde la investigación hasta el mercado. “En las primeras etapas se requieren más recursos, mejor focalizados y capacidades para prueba de concepto, prototipado, validación tecnológica y propiedad intelectual. En las siguientes, capital paciente y fondos especializados, con tickets capaces de financiar el desarrollo y escalamiento de empresas de base científico-tecnológica”, argumenta.

Según el ejecutivo, financiar la creación de startups no es suficiente si no se capitaliza valor en etapas avanzadas de menor riesgo, como el escalamiento internacional. “Iniciativas como el fondo de fondos, que genera incentivos para invertir capital institucional y señales para profundizar el mercado de capitales, apuntan en la dirección correcta”, señala.

Asimismo, llama a activar la demanda e invertir en la capacidad de absorción de tecnologías: “Parte de esta brecha se puede atacar con medidas focalizadas que activen la inversión y la absorción de I+D+i por parte de las empresas. Un ejemplo es que los instrumentos existentes de Corfo se usan poco. Las empresas que declaran invertir dejan sin aprovechar cerca de US$200 millones en beneficio tributario a la I+D”, afirma.

Finalmente, junto con establecer puentes con centros tecnológicos de clase mundial para fortalecer la transferencia tecnológica, complementar capacidades y acceder a redes globales, el gerente de ChileGlobal Ventures sugiere otras medidas que, a su juicio, tendrían efecto inmediato: “Beneficios a la compra de I+D+i acreditada; la devolución en caja de los créditos no utilizados de la Ley de I+D, incluso condicionada a su reinversión en más I+D+i; y beneficios a la inversión corporativa en startups, para fortalecer la industria de capital de riesgo. Chile ya tiene la ciencia; lo que falta es el puente hacia el mercado”, concluye.

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